De un día para otro todo puede cambiar, ayer te amé, ayer no podía vivir sin ti, tu sonrisa era la causante de mis noches en vela y tu voz me susurraba cada vez que el viento me tocaba. Adoraba ese pequeño lunar que tenías en el cuello, cada poro de tu piel era un tesoro que encontar, la suavidad y gentileza de tus manos no se comparaban ni con la mejor seda que se había podido inventar. Tus ojos eran dos pozos sin fondo donde me gustaba caer, donde me perdía cada vez que tus brazos me envolvian...




¿Y ahora? Ahora tu sonrisa no es mas que una de las tantas mentiras que me dijiste, tu voz nisiquiera la quiero oír. Me he dado cuenta de que ese lunar tampoco tiene nada de especial y cada poro de tu piel es un tesoro perdido y teñido de amargura. Cada vez que tus manos me tocan un estremecimiento me recorre, pero no te alegres, es de desagrado. He visto tus ojos en los rostros de otras personas... el color marrón es un color común.

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