Pero el perdón... Me aferraré a esa frágil porción de esperanza y la mantendré cerca de mí, recordando que en cada uno de nosotros hay cosas buenas y malas, luz y oscuridad, arte y dolor, elecciones y lamentaciones. Cada uno de nosotros es su propio chiaroscuro, su propio trozo de ilusión que lucha por convertirse en algo sólido, en algo real. Tenemos que perdonarnos eso. Debo recordad perdonarme a mi misma, porque hay mucho gris con qué trabajar. Nadie puede vivir siempre bajo la luz.
El viento cambia de dirección y trae consigo el olor a rosas, intenso y dulce. La veo al otro lado del barranco, entre el crujido seco de las hojas. Una cierva. Me ve y sale disparada entre los árboles. Yo corro tras ella, sin perseguirla realmente. Corro porque puedo, porque debo.
Porque quiero ver hasta dónde puedo llegar antes de tener que parar. 

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